Sobre el método

Este libro es un trabajo de síntesis que sólo pretende ser una guía introductoria para quienes tengan interés en acercarse a la realidad sociopolítica actual de los pueblos originarios en el continente americano. Se edita cuando comienzan en América Latina los fastos de la celebración del bicentenario de la independencia de las metrópolis europeas en las que los pueblos indígenas, hasta el momento del envío a imprenta, no están representados.

A buen seguro que habrá quien encuentre lagunas en la exposición, quien eche en falta más elementos etnológicos y/o antropológicos y quien considere que se han cargado las tintas en los aspectos económicos. Habrá, también, quien considere que se tenía que haber organizado la relación de pueblos originarios por índice alfabético; quien crea más conveniente agruparles por identidad lingüística; quien crea que se debería haber optado por los cuadros antes que por la simple relación y los enlaces transfronterizos entre ellos, y quien prefiera el simple recorrido geográfico de Norte a Sur –criterio etnocentrista- o de Sur a Norte –para enfrentar de forma gráfica y reivindicativa el criterio etnocentrista-. Habrá, incluso, quien cuestione la forma aquí elegida, el criterio alfabético por países, al entender que las fronteras son artificiales y ocultan la realidad de unos pueblos que son en muchas ocasiones transfronterizos.

Es obvio que la división territorial en países no coincide en muchos casos con la ocupación indígena del espacio puesto que mucho antes de que se formalizasen esas fronteras, y mucho antes de que llegaran los europeos, y mucho antes de otros imperios, con sus expansiones y ocasos, los pueblos indígenas ya ocupaban las zonas que hoy mantienen a duras penas, por lo que tiene más sentido hablar de “pueblos en” Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, etc. que de “pueblos de” los países del continente. Más aún si se tiene en cuenta que los estados nacionales conformados a partir del proceso independentista de las metrópolis europeas no sustituyeron, ni anularon, las profundas raíces históricas de los pueblos indígenas quienes antes que boliviano o peruano, por ejemplo, se reconocen quichua o aymara, mohawk antes que canadiense o estadounidense, lenca antes que hondureño o salvadoreño, mapuche antes que argentino o chileno, etc.

Habrá también quien cuestione la grafía (tucano-tukano, zápara-sápara, huaorani-waorani, yekuana-yekwana, quichua-kichwa) aunque, en líneas generales, se ha seguido el criterio oficial, tal y como se recoge en los diferentes países, y con la finalidad de reducir en la medida de lo posible la confusión que se pudiese producir ante la variedad de nombres y designaciones, orales o escritas, de un mismo pueblo, lengua o nacionalidad. Esta misma norma es la autoimpuesta a la hora de mencionar a los pueblos originarios con denominaciones diferentes en función de su transfronteralidad, como por poner un caso los wichí (Argentina)-weenhavek (Bolivia), o de una distinta denominación en un mismo país, caso de los paéz-nasa en Colombia o los a’i-cofán en Ecuador.

A nadie le faltará razón. Sin embargo, se ha optado por esta presentación para facilitar no ya la lectura sino la búsqueda y, si ello es posible, la comprensión de una realidad de la que mucho se habla y en la que poco se profundiza. Aquí no se trata de profundizar, sino de abrir un camino para continuar transitando por él en otras ocasiones. También hemos optado por eludir a propósito la reseña histórica, sobre la que hay bibliotecas enteras, y hacer hincapié en la situación socioeconómica actual dejando al margen el único aspecto en el que los pueblos indígenas sí han comenzado una nueva era, como la posibilidad de educarse en su propia lengua aún con las importantes limitaciones y condicionantes que resalta la propia ONU, ya reseñadas con anterioridad en el inicio de este libro. Para los indígenas tan importante como la lengua y su cultura es la tierra. Forma parte de su cosmovisión. Ahora bien, mientras que los derechos culturales son concedidos y reconocidos incluso de buena gana por los gobiernos, con la tierra ocurre exactamente lo contrario. Cultura y lengua quedan bien para aparentar y defender en instancias internacionales que se cumple con los mandatos y se tiene un gobierno “políticamente correcto”, pero esa cosmética se deshace en pedazos cuando los indígenas reclaman no sólo su derecho a la tierra, sino a ser consultados sobre las cuestiones que les atañen directamente y a su autoorganización y autodeterminación. No se les niega la posibilidad de hablar su propia lengua, ni educarse en ella, pero sí la posibilidad de gobernar sus territorios y disponer de sus recursos.

Con ello se quiere poner de relieve –y la redundancia ayuda a comprender mejor el mensaje-, lo que se ha venido manteniendo a lo largo de las páginas iniciales: una cosa son las leyes y declaraciones aprobadas a favor de los pueblos originarios, en los ámbitos nacionales e internacionales, y otra muy distinta es la realidad a que se siguen enfrentando estos pueblos. O dicho en un lenguaje más jurídico: igualdad de iure frente a desigualdad de facto. Es una situación que se produce en todo el continente de Abya Yala, con independencia que en unos países se estén produciendo procesos emancipatorios muy ilusionantes para las poblaciones indígenas y en otros no se haya apenas avanzado en el reconocimiento e implementación de sus derechos. Por eso al hacer la exposición de cada país, en la mayoría de ellos se parte de fechas tempranas, finales del siglo XX, casi coincidiendo con la aprobación por parte de la OIT del Convenio 169, sin entrar en consideraciones anteriores o sólo muy tangencialmente teniendo en cuenta los movimientos indígenas que se hubiesen producido y la relevancia que tenga una determinada situación en el presente. Tal es el caso del latifundismo menonita en Paraguay.

Y como hay que hacer esa declaración de honestidad que se reclama en las primeras páginas, verás lector, lectora, que se desarrollan más las situaciones en unos países que en otros. Una de las razones es que son en los que los movimientos indígenas son más avanzados. Otra, que son los que el autor conoce mejor de muy primera mano. Por ello, antes que tú lector, lectora, entres en el desarrollo de las situaciones de cada país, debes recibir las disculpas del autor por los fallos y omisiones que puedas encontrar. Y también debes ser algo comprensivo, algo comprensiva, ante el trabajo aquí abordado.

Una última consideración: dado que el material que se ofrece va a ser volcado en internet, muchas de las notas ofrecidas hacen referencia a páginas web para que quien lo siga a través de la red tenga un fácil acceso a las fuentes reseñadas. La consulta de la mayoría de ellas, para no reflejarlo de manera reiterada e innecesaria en las notas, se realizó entre el 1 de mayo y el 1 de octubre de 2010.